2009-02-01

¿Efecto Tequila Reloaded?

tribuaméricas® | silvia meave

Lo siguiente un lugar común, pero también una verdad: México es el agujero negro de la paradoja y el surrealismo. Esto viene a comentario porque el presunto defensor de los derechos de los usuarios de la banca, el presidente de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) es un acólito de los usureros y, por lo tanto, en los próximos meses, los deudores del sistema financiero deberán enfrentar -como en la crisis de 1994-1995- una ardua batalla en la defensa de su patrimonio sin más apoyo que su poder de negociación individual (con o sin abogados).

La Condusef, como institución vigilante pasiva, al igual que la Procuraduría Federal del Consumidor, no aportan soluciones reales para el control de quienes detentan un poder económico y de protección de los intereses de la ciudadanía contra la que se ejerce ese poder mediante una legalidad agiotista que únicamente da como resultado la distribución inequitativa de la riqueza y el aumento de la brecha económica en países como México.

Apenas empezando Febrero, la Condusef, que encabeza Luis Pazos, un abogado que devino en economista por su afición a escribir libritos sobre su visión personal sobre el tema (su obra sobre Economía se ha publicado en tomos miniatura de no más de 15 centímetros para el consumo popular), emitió un comunicado en el que sintetiza la problemática de la crisis de pagos de créditos que empieza a provocar estragos en la sociedad mexicana, asegurando que "el problema de fondo es resultado del sobreendeudamiento, gastar más allá de su capacidad real de pago", cuando lo cierto es que los bancos, sin restricción por parte de las autoridades -léase Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y la Condusef, en ese orden- se fueron por la libre para elevar el costo del dinero sin más justificación que el aumento de la inflación local y la reciente debacle financiera de Wall Street.

No soy aficionada a contribuir con casos personales a la investigación periodística, pero esto es lo que tengo a la mano: Hace un par de meses empecé a recibir, día y noche literalmente, llamadas del departamento de cobranzas de BBVA Bancomer para que liquidara de inmediato un pago para el que tenía una fecha límite de por lo menos tres semanas.

Antes de que llegara la segunda semana de acoso sistemático de los empleados de cobranzas, decidí checar el estado de cuenta de mi tarjeta en línea y encontré que el propio banco me había sobregirado la cuenta con intereses por más de 5 mil pesos mexicanos (alrededor de 350 dólares al tipo de cambio actual). ¿Mis compras del mes? El cargo automático del teléfono celular por 400 pesos mexicanos y 180 pesos de la suscripción a un diario?... Todo lo demás eran intereses.

Así, aunque yo tenía control sobre mi capacidad real de pago y los márgenes de mi límite de crédito, el banco calculó que yo (y desde luego es el caso de todos los que tengan una tarjeta como la mía) debía pagar mis deudas, las de los morosos y, aparte, el fracaso de sus expertos en inversiones que ofrecieron utilidades de ciento por ciento a los accionistas del sistema y ganancias de más de 20 por ciento a ahorradores y Administradoras de Fondos de Ahorro para el Retiro.

Cuando busqué asesoría en la Condusef para quejarme de que el banco me presionaba a pagar antes de que llegara la fecha límite de pago, me mandaron a dar un paseo a cualquier sucursal de mi banco para poner mi queja, dado que yo no tenía problemas de morosidad ni tampoco había ocurrido nada relevante excepto que los cobradores del banco llamaran a las seis de la mañana, a las dos de la tarde y a las 10 de la noche en mi domicilio fiscal para dejarme con quien contestara una atenta sugerencia de que pagara "lo más que pudiera" (sic) para que no me cobraran más intereses sobre los intereses que por su poder sin control gubernamental ya estaban cargándome.

Envié mi queja al banco, pero si bien las llamadas cesaron, no hubo una explicación formal de la institución a su estrategia de cobro. Mi padre, que durante treinta años fue analista de crédito en lo que hoy es Scotiabank, me advirtió, cual oráculo de Delfos: "Aquí sólo hay dos opciones: O saldas de inmediato las cuentas o te vas a moratoria con la bola, porque en este país siempre pagan los platos rotos los que se quedan a la mitad del camino".

O sea, que es muy probable que, como en 1994-1995, serán los deudores que no se declaren en moratoria los que paguen por todos los demás, si las autoridades financieras del país no implementan un programa de emergencia o tregua para los ciudadanos emproblemados, como lo que se está haciendo en otras naciones, incluidos los Estados Unidos: se fija un plazo sin cobro de intereses para que la gente pague el capital de su deuda y de lo perdido, lo que aparezca es bienvenido, antes que llevar a la economía nacional a una parálisis.

Al final, mi anécdota es solamente eso y espero que quede ahí; pero a partir de este incidente me di a la tarea de buscar a todo tipo de deudores que están padeciendo los efectos de una crisis global derivada de la especulación y la depredación financiera, que permitirá a los usureros de la banca internacional fortalecer su posición a costa de las clases medias de los países capitalistas, principalmente los de desarrollo medio como México, por la permisividad de las autoridades.

Los relatos que escuché evocan esas historias de los prestamistas medievales al estilo Scrooge, pero con ese inquietante sesgo mafioso que sólo se da en repúblicas bananeras y Estados fallidos: En México, los bancos se cobran directamente de las cuentas de nómina de sus deudores y estos en verdad se quedan sin un quinto para comer, pagar servicios y vivienda. En México, cobradores con acento extranjero amenazan de muerte a la abuelita de un deudor y la hacen caer en estado de coma; En México, falsos abogados llegan a las casas de los deudores a golpear a las sirvientas y a los niños... Y en el peor de todos los casos, hay cobradores que intentan embargar con lujo de violencia domicilios donde ya no viven los deudores a los que buscan y los habitantes deben pagar abogados para obtener comprobantes oficiales que acrediten que ellos NO son los deudores que busca el banco.

Recientemente, un grupo de legisladores encabezados por el senador Ricardo Monreal (hoy de la bancada del Partido del Trabajo) anunció con bombo y platillo la creación de un Movimiento Nacional Ciudadano de Usuarios de Servicios Financieros que pretende emular a El Barzón; pero con un claro tinte electorero, tomando en cuenta que en Julio próximo habrá elecciones para renovar la Cámara Baja del Congreso.

El grupo autollamado de protección a tarjetahabientes pretende recabar datos muy específicos y confidenciales de la gente emproblemada con la banca a través de un sitio web ; pero -según algunos usuarios contactados- no han obtenido ninguna respuesta de los "líderes" del movimiento ni de los administradores web, ni mucho menos guardan la esperanza de encontrar una salida viable a la segunda crisis de la práctica del anatocismo en el país en quince años.

Lo mismo ocurre con las direcciones de correo electrónico de los legisladores que se presentan como promotores del grupo: No responden ni los mensajes de los deudores ni de los periodistas que hemos solicitado más información sobre la organización.

Así, lo único que queda claro en medio de lo que se avizora como el Efecto Tequila Reloaded o Fobaproa 2 (¿otro 20 o 22 por ciento del Producto Interno Bruto para los siguientes quince años?) es que si los deudores con casos similares no se organizan y negocian en grupos jurídicamente bien asesorados, los bancos los expoliarán sin miramientos, con la anuencia de las autoridades o, en el mejor de los casos, se convertirán en moneda electoral de cambio. <<>>


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